miércoles, 31 de diciembre de 2025

Las mentiras funcionales y el valor social que es una creencia


La verdad, a veces, es lo que sirve para algo, esto le da cierta entidad, todo lo objetivable tiene cierta entidad, pero hay niveles de objetivación; el lenguaje, por ejemplo, puede denominar algo y este algo puede no existir por fuera de esta utilidad objetivadora, como cuando se menciona a Dios y a su idea, a su significado; claro, esto se podrá discutir, pero ésta es una creencia útil. Hay que preguntarse hasta qué punto una utilidad es beneficiosa, lo es en cierto grado porque sirve para algo, aunque esto no exista más que como una idea y lo que está sirviendo para algo cumple una función tangible: son las mentiras funcionales y están determinadas por la subjetividad personal y la subjetividad compartida socio-cultural.

Nos podremos preguntar si más allá del valor de esta entidad, esta función tendría, lo que llamaré, una inmanencia productiva, que es presa de una estructuración y hay que ver hasta qué punto esta estructuración depende del ambiente, del contexto. Lo productivo sería lo que hacemos nosotros con la idea, con el signo, por ejemplo, con Dios. Y la inmanencia hay que analizar si se encuentra de por sí en la función, quizá nos estamos refiriendo a algo distinto a lo aparente, a lo intencionado: quizá otro signo cumple en otra subjetividad la misma función o el mismo efecto.

Hay una reciprocidad contextual que es estar en un ambiente de ciertas dependencias y de rotundas fijaciones en la psique. La cultura es creación constante, y hay distintos tipos de elementos culturales,  algunos que estructuran la realidad social y otros que no tanto, pero hay que tener en cuenta que el solo hecho del libre albedrío y de las capacidades creativas que afloran (más allá de lo artístico) son cruciales, ya que el mismo motor mental que crea cultura es una reproducción de la idosincracia que es general. Varían las formas todo el tiempo, más allá de las tipificaciones, pero el núcleo desde el que nace la cultura es algo compartido que se autojustifica porque depende de lo mismo desde un nivel inicial. Hay un desencadenante que nació del primer vínculo con la madre y que se forja en la evolución del sujeto en los primeros años sobre todo.

Hay que preguntarse si alguien y sus circunstancias y su misma naturaleza con sus acciones tiene valor dentro de los valores prefijados por el sistema, con todo lo establecido, permitido, previsto o determinado o si hay un más allá del contexto. Cada individuo reaccionará de manera distinta ante los estímulos hasta cierto punto. Hay gradaciones y tipos de reacciones o respuestas; hay actividades que hacen muchos y de las que se produce lo mismo, hay actividades que hacen muchos y producen algo que se distingue en cada caso, como en el arte (y esto es discutible). Claro, esto, si nos fijamos en cierto valor social de lo producido. Cada sujeto tiene una predisposición con la que viene al mundo, pero también hay detonantes del ambiente que hacen surgir una u otra faceta. Seguramente, la relevancia que le damos a algo sí está regulada por estas predisposiciones.

Concluiré con una idea: todos los valores de la sociedad, que algo sea más importante que otra cosa, que se le de más valor a una persona y no a otra, son creencias. Pero que exista una creencia no significa que no tenga un determinismo natural o incluso una tendencia nacida de lo biológico. Que se le de más peso a las personas que aparecen en los medios que a otras está basado en una creencia y es una valoración. Y esto es usado por los poderosos, ellos deciden a quién se valorará más decidiendo quién sale en los medios. Pero de por sí la fama nace de una tendencia que surge de valores determinados por lo biológico que regulan el comportamiento y la mente y a que a lo largo de la historia han creado desde sociedades hasta obras de arte.

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